domingo, 3 de febrero de 2013

Cuando el asco se convierte en odio ~ Yaoi.




*~*~*Nota de Autora*~*~*


     Feliz inicio de febrero. Ahora soy Odette Free y me siento como el ave Fénix, que renace de las cenizas… Es el ave Fénix, ¿verdad? e_e... Bue, no importa. x’D A mis hermositos lectores y lectoras los había tenido en… en ayuno de fanfics(?) a raíz del problema y de que tuve que abandonar mi otra vida -se sacude la nariz con dramatismo-  see, extrañaré mi otro nombre y mi otro blog ;~; Pero bue, las cosas son como deben ser y mi dulce mami me enseñó a ser correcta. 

     Inauguro mi nuevo blog con éste one-shot que comencé a escribir a finales del año pasado pero no lo había terminado y ayer sentí la necesidad de escribir así que lo terminé. Espero sea de su agrado. Espero les guste mi nuevo blog y me seguiré esforzando por regalarles lo mejor de mí ;~; Gracias por apoyarme antes y seguirlo haciendo, los amo muuucho ¿ne? <3

*~*~*Fin Nota de Autora*~*~*




*~*~*

Título: Cuando el asco se convierte en odio.
Autora: Odette Free.
Parejas: Yunjae.
Género: Universo Alterno, Suspenso, Romance, Humor.
Advertencia; Leguaje Fuerte.
Extensión: One-shot.
Estado: Terminado.
Sumario: Sentir asco posiblemente sea una 
reacción normal, pero cuando se convierte
en odio, queda claro que nunca habrá
tolerancia.




*~*~*






–¿Qué creíste, qué nunca acabaría contigo? ¡Irrumpiendo en mi casa de ésa manera tan descarada! ¿Creíste que te saldrías con la tuya?– se acomodó el cabello de manera elegante –¡Jah! Pues no, mira que no, ¿y ahora vez las consecuencias? Eso te mereces, por ser lo que más odio en ésta vida–.
–Jaejoong…– susurró el testigo a su lado.



*~*~*


Vio una sombra pasar a uno de sus costados rápidamente y enseguida supo que tenía compañía, una compañía poco deseada. Posó su afilada mirada hacia donde suponía se encontraba ése ser repulsivo que tanto odiaba, ¿cómo se atrevía a entrar a su casa?... Su odio por ella era inevitable.

Kim Jaejoong, un joven adulto de unos veinticinco años, caminó lentamente hasta alguna parte de su sala de estar; para comprobar su presencia. Se subió a uno de los sofás para ver tras éste con una mejor perspectiva y así evitar que la intrusa notara su presencia y huyera. Y allí la vio, tratando de caminar a escondidas. ¿Cómo se atrevía siquiera a pensar en entrar en su casa? Acabaría con su vida, por su imperdonable osadía, eso podía escribirlo con sangre.

El deseoso de asesinato, siguió sigilosamente a la importuna y repudiable visita, cuan despreciable ésta era. Debía sacarle de su casa a como diera el lugar, pero si la sacaba de su propiedad estando muerta, sería una realidad muy regocijante para su persona.

Debía lograrlo para impedir que se cruzara en su naturaleza mugrienta y descarada la necesidad de entrar de nuevo a su impecable recinto. Esta vez no permitiría que se metiera con alguna otra cosa especial de su esposo. Sin lugar a titubeos, debía acabar con su existencia, eliminarle de la faz de la tierra. ¡Era la desgraciada que más odiaba!

Mientras el ente inoportuno estuvo distraído, el muchacho se lanzó sobre ella para ejecutar de una vez la acción y deshacerse de sus restos.

–¡¡Muereee!!– gritó con mucha euforia.

Desde la segunda planta, un segundo muchacho portante del nombre Jung Yunho, de tez morena y de misma edad, escuchó la voz alterada de quien era su conyugue gritar; en un instante seguido, un estruendo que delataba el incidente como un cuerpo humano que había caído y se habría golpeado con el piso, abrió paso en el lugar, suceso que le alertó hasta las entrañas. Tomó camino hacia el ala de su casa, siendo guiado por los sonidos que revelaban el lugar específico como la escena del crimen.

Corrió tanto como pudo, mientras sentía el terror de que lo peor podía venir y ocurrirle a su amado. Antes de llegar a donde quería ir con tantas ansias, escuchó otros sonidos un poco extraños, y la voz de Jaejoong diciendo:

–¡¡Te mataré!!– Objetos caían al suelo y muchos demostraban haber quedado rotos –¡No escapes, te mataré sin pensarlo dos veces, inmundicia del demonio!–.

–¡¿Jae, qué pasa?!– cuestionó en voz alta aterrorizado, pero el otro pareció no escuchar.

Una vez llegó al área buscada del hogar que compartía con su contrayente, pudo ver muchas de sus preciadas pertenencias despedazadas y regadas a lo largo y ancho de la sala de estar. Estando de pie en el inicio de las escaleras, bastante impresionado, notó que su compañero de amor ya no se hallaba allí; continuó oyendo pisadas aceleradas que le señalaban la nueva zona donde estaba llevándose a cabo el escenario que si se apresuraba a presenciar, le dejaría expuesta la realidad oculta que le estaba envolviendo y haciéndole partícipe como un ignorante.

Como la primera vez que oyó todo, comenzó a caminar con mucha prisa pero con sumo cuidado, no quería lastimarse con las evidencias de furia. ¿Qué demonios le ocurría a Jaejoong? Yunho se sentía en estado de shock y ciertamente impresionado. El mayor nunca antes había actuado así, por lo que esto significaba que algo bueno no estaba ocurriendo.
 
–¡Maldita, acabaré contigo!– escuchó una vez más.

Yunho llegó hasta la cocina en un estado de trance y sólo pudo observar a un Jaejoong que corría con efusividad de un lado a otro persiguiendo algo que no podía ver claramente, lo cual le hacía sentirse más confundido.

Fue aquella cosa colorida, conocida por todos como ‘plumero’, que su esposo usaba para limpiar los cuadros y pinturas colgadas en sus paredes, lo que le hizo entrar en razón.  Comenzó a reír frenéticamente, alertando al otro mucho de una tercera compañía. Le fulminó con la mirada y le gritó:

–¡¡No te quedes allí y ayúdame a acabar con ella!!– le dejó en claro con evidente odio y repudio. El otro dejó de reír ante el tono verdaderamente lleno de furia de su conyugue, finalmente se unió para acabar con la bacteria osada que invadió con desfachatez su hermoso hogar.

Golpearon con rudeza y sin piedad, tantas veces seguidas como fue necesario hasta que estuvieron satisfechos y notaron que no se movía más.

Jaejoong sonrió con victoria y satisfacción al ver fijamente lo que alguna vez fue el cuerpo de aquella desgraciada cucaracha, que sería muy posiblemente generación de la cucaracha, que hacía algún tiempo hizo despertar su odio irremediable por su raza asquerosa. Siempre les había tenido asco, pero luego de esa vez, se convirtió en odio. Esa cucaracha se metió con lo más preciado para él y jamás se lo perdonaría.

Se alejó un poco de la pequeña criatura y con elegancia se posó para recitar lo último que tendría para decir.

–¿Qué creíste?, ¿Qué nunca acabaría contigo? ¡Irrumpiendo en mi casa de ésa manera tan descarada! ¿Creíste que te saldrías con la tuya?– se acomodó el cabello con galanura –¡Jah! Pues no, mira que no, ¿y ahora vez las consecuencias? Eso te mereces, por ser lo que más odio en ésta vida–.

–Jaejoong…– susurró el testigo a su lado –Es sólo una cucaracha– Yunho estaba agachado aún, viendo los movimientos de su esposo.

–¡Calla!, ¡Una cucaracha que cometió el gravísimo error de entrar a mi casa, cuando es la cosa que más odio en esta vida–.

–Jaeboo, ya te dije que no importaba, sé que puedo tener tus deliciosos pasteles siemp…– se vio interrumpido por su consorte ofendido.

–¡¿Me estás diciendo que no te importa lo que hice para ti? ¡¿Que no vale?!– aquí iban de nuevo. El moreno suspiró con cansancio irguiendo su cuerpo mientras se elevaba. Desde aquella vez que una cucaracha se subió al pastel de cumpleaños que Jaejoong había hecho con mucho amor para Yunho, éste las ha odiado más que nunca. Se acercó para abrazarlo con cariño, pero el otro se negó.

 –Amor, ya te he dicho que sí me importa y que habría querido comerlo completo, sin dejarle nada a nadie, ni siquiera a ti; pero está bien, las cosas ocurren y ya– trató de calmar su mal genio y de abrazarlo por una segunda vez y ésta vez sí se dejó, pero aun así su acompañante le dirigía una tajante e injuriada mirada –Jaeboo, te amo bebé. Tus pasteles son los mejores del mundo. Estoy casi cien por ciento seguro que esa cucaracha sólo estaba envidiosa de que yo obtendría el mejor pastel de todos y de que su esposo cucaracha no le haría nunca algún pastel a ella. Y entonces ella vino con maldad a destruir todo tu esfuerzo, pero no debemos darle el gusto a ella y a su  raza de vernos afectados por eso, se sentirán con poder de atacarnos siempre que quieran– le aseguró como si le hablara a un niño. El azabache se sintió agraciado a causa del comentario de su amante y emitió una leve risilla.

Su amante supo que había dado justo en el clavo y profundizó su abrazó, acercando sus cuerpos y lo besó con dulzura. Fue el poseyente del cabello obscuro quien rompió mágico momento golpeándole en la cabeza con su plumero. Y mientras el menor se sobaba la cabeza, escuchaba lo que el pálido le declaraba.

–Si tanto me amas, ahora ayúdame a limpiar este desastre– Yunho rió con diversión cuando Jae terminó de hablar y se puso en marcha para ayudar a su amado esposo que le alegraba los días con sus ocurrencias.

Cuando algo se interponía entre un pastel, o algún otro obsequio en el cual Kim Jaejoong, había estado invirtiendo tiempo, dedicación y cariño para dárselo a la persona que más amaba en este mucho; su amado, era un sacrilegio imperdonable. Es por eso, que donde fuese el lugar que Kim Jaejoong notara la presencia de una cucaracha, se podía sentir el fuego y la voz macabra de fondo que dice: “Arde Troya”.

Por eso te aseguro mi estimado lector, jamás, jamás en tu vida tengas la idea de interponerte entre algo hecho por Kim Jaejoong y Jung Yunho, porque la furia del primero, no posee límite alguno.


Fin.




*~*~*Nota de Autora*~*~*

Juro por Dios que deseo haber visto sus caras por un huequito mientras leían 
Jajajaja, espero de verdad les haya gustado x'D
Es tarde y tengo una dura jornada el día de hoy, lamento si hay algún error
pero el sueño me mata y no alcanzo a leer bien ya T-T
Me comentan, sentiré odio por ustedes tipo Jaejoong
y los golpearé hasta acabar con sus vidas sin no lo hacen. ¬_¬

*~*~*Nota de Autora*~*~*