*~*~*Nota de Autora*~*~*
Feliz
inicio de febrero. Ahora soy Odette Free y me siento como el ave Fénix, que
renace de las cenizas… Es el ave Fénix, ¿verdad? e_e... Bue, no importa. x’D A
mis hermositos lectores y lectoras los había tenido en… en ayuno de fanfics(?)
a raíz del problema y de que tuve que abandonar mi otra vida -se sacude la
nariz con dramatismo- see, extrañaré mi otro nombre y mi otro blog ;~; Pero bue, las cosas son
como deben ser y mi dulce mami me enseñó a ser correcta.
Inauguro
mi nuevo blog con éste one-shot que comencé a escribir a finales del año pasado
pero no lo había terminado y ayer sentí la necesidad de escribir así que lo
terminé. Espero sea de su agrado. Espero les guste mi nuevo blog y me seguiré
esforzando por regalarles lo mejor de mí ;~; Gracias por apoyarme antes y
seguirlo haciendo, los amo muuucho ¿ne? <3
*~*~*Fin Nota de Autora*~*~*
*~*~*
Título: Cuando el asco se convierte en odio.
Autora: Odette Free.
Parejas: Yunjae.
Género: Universo Alterno, Suspenso, Romance, Humor.
Advertencia; Leguaje Fuerte.
Extensión: One-shot.
Estado: Terminado.
Parejas: Yunjae.
Género: Universo Alterno, Suspenso, Romance, Humor.
Advertencia; Leguaje Fuerte.
Extensión: One-shot.
Estado: Terminado.
Sumario: Sentir asco posiblemente sea una
reacción normal, pero cuando se convierte
en odio, queda claro que nunca habrá
tolerancia.
*~*~*
–¿Qué creíste, qué nunca acabaría contigo? ¡Irrumpiendo en mi
casa de ésa manera tan descarada! ¿Creíste que te saldrías con la tuya?– se
acomodó el cabello de manera elegante –¡Jah! Pues no, mira que no, ¿y ahora vez
las consecuencias? Eso te mereces, por ser lo que más odio en ésta vida–.
–Jaejoong…–
susurró el testigo a su lado.
*~*~*
Vio una sombra pasar
a uno de sus costados rápidamente y enseguida supo que tenía compañía, una
compañía poco deseada. Posó su afilada mirada hacia donde suponía se encontraba
ése ser repulsivo que tanto odiaba, ¿cómo se atrevía a entrar a su casa?... Su
odio por ella era inevitable.
Kim Jaejoong, un
joven adulto de unos veinticinco años, caminó lentamente hasta alguna parte de
su sala de estar; para comprobar su presencia. Se subió a uno de los sofás para
ver tras éste con una mejor perspectiva y así evitar que la intrusa notara su
presencia y huyera. Y allí la vio, tratando de caminar a escondidas. ¿Cómo se
atrevía siquiera a pensar en entrar en su casa? Acabaría con su vida, por su
imperdonable osadía, eso podía escribirlo con sangre.
El deseoso de
asesinato, siguió sigilosamente a la importuna y repudiable visita, cuan
despreciable ésta era. Debía sacarle de su casa a como diera el lugar, pero si
la sacaba de su propiedad estando muerta, sería una realidad muy regocijante
para su persona.
Debía lograrlo para
impedir que se cruzara en su naturaleza mugrienta y descarada la necesidad de
entrar de nuevo a su impecable recinto. Esta vez no permitiría que se metiera
con alguna otra cosa especial de su esposo. Sin lugar a titubeos, debía acabar
con su existencia, eliminarle de la faz de la tierra. ¡Era la desgraciada que
más odiaba!
Mientras el ente inoportuno
estuvo distraído, el muchacho se lanzó sobre ella para ejecutar de una vez la
acción y deshacerse de sus restos.
–¡¡Muereee!!– gritó con mucha euforia.
Desde la segunda planta, un segundo muchacho
portante del nombre Jung Yunho, de tez morena y de misma edad, escuchó la voz
alterada de quien era su conyugue gritar; en un instante seguido, un estruendo
que delataba el incidente como un cuerpo humano que había caído y se habría
golpeado con el piso, abrió paso en el lugar, suceso que le alertó hasta las
entrañas. Tomó camino hacia el ala de su casa, siendo guiado por los sonidos que
revelaban el lugar específico como la escena del crimen.
Corrió tanto como pudo, mientras sentía el terror de
que lo peor podía venir y ocurrirle a su amado. Antes de llegar a donde quería
ir con tantas ansias, escuchó otros sonidos un poco extraños, y la voz de
Jaejoong diciendo:
–¡¡Te mataré!!– Objetos caían al suelo y muchos
demostraban haber quedado rotos –¡No escapes, te mataré sin pensarlo dos veces,
inmundicia del demonio!–.
–¡¿Jae, qué pasa?!– cuestionó en voz alta
aterrorizado, pero el otro pareció no escuchar.
Una vez llegó al área buscada del hogar que
compartía con su contrayente, pudo ver muchas de sus preciadas pertenencias despedazadas
y regadas a lo largo y ancho de la sala de estar. Estando de pie en el inicio
de las escaleras, bastante impresionado, notó que su compañero de amor ya no se
hallaba allí; continuó oyendo pisadas aceleradas que le señalaban la nueva zona
donde estaba llevándose a cabo el escenario que si se apresuraba a presenciar,
le dejaría expuesta la realidad oculta que le estaba envolviendo y haciéndole
partícipe como un ignorante.
Como la primera vez que oyó todo, comenzó a caminar
con mucha prisa pero con sumo cuidado, no quería lastimarse con las evidencias
de furia. ¿Qué demonios le ocurría a Jaejoong? Yunho se sentía en estado de
shock y ciertamente impresionado. El mayor nunca antes había actuado así, por lo
que esto significaba que algo bueno no estaba ocurriendo.
–¡Maldita, acabaré contigo!– escuchó una vez más.
Yunho llegó hasta la cocina en un estado de trance y
sólo pudo observar a un Jaejoong que corría con efusividad de un lado a otro
persiguiendo algo que no podía ver claramente, lo cual le hacía sentirse más
confundido.
Fue aquella cosa colorida, conocida por todos como
‘plumero’, que su esposo usaba para limpiar los cuadros y pinturas colgadas en
sus paredes, lo que le hizo entrar en razón.
Comenzó a reír frenéticamente, alertando al otro mucho de una tercera
compañía. Le fulminó con la mirada y le gritó:
–¡¡No te quedes allí y ayúdame a acabar con ella!!–
le dejó en claro con evidente odio y repudio. El otro dejó de reír ante el tono
verdaderamente lleno de furia de su conyugue, finalmente se unió para acabar
con la bacteria osada que invadió con desfachatez su hermoso hogar.
Golpearon con rudeza y sin piedad, tantas veces
seguidas como fue necesario hasta que estuvieron satisfechos y notaron que no
se movía más.
Jaejoong sonrió con victoria y satisfacción al ver
fijamente lo que alguna vez fue el cuerpo de aquella desgraciada cucaracha, que
sería muy posiblemente generación de la cucaracha, que hacía algún tiempo hizo
despertar su odio irremediable por su raza asquerosa. Siempre les había tenido
asco, pero luego de esa vez, se convirtió en odio. Esa cucaracha se metió con
lo más preciado para él y jamás se lo perdonaría.
Se alejó un poco de la pequeña criatura y con elegancia
se posó para recitar lo último que tendría para decir.
–¿Qué creíste?, ¿Qué nunca acabaría
contigo? ¡Irrumpiendo en mi casa de ésa manera tan descarada! ¿Creíste que te
saldrías con la tuya?– se acomodó el cabello con galanura –¡Jah! Pues no, mira
que no, ¿y ahora vez las consecuencias? Eso te mereces, por ser lo que más odio
en ésta vida–.
–Jaejoong…– susurró el testigo a su
lado –Es sólo una cucaracha– Yunho estaba agachado aún, viendo los movimientos
de su esposo.
–¡Calla!, ¡Una cucaracha que cometió
el gravísimo error de entrar a mi casa, cuando es la cosa que más odio en esta
vida–.
–Jaeboo, ya te dije que no
importaba, sé que puedo tener tus deliciosos pasteles siemp…– se vio interrumpido
por su consorte ofendido.
–¡¿Me estás diciendo que no te
importa lo que hice para ti? ¡¿Que no vale?!– aquí iban de nuevo. El moreno
suspiró con cansancio irguiendo su cuerpo mientras se elevaba. Desde aquella
vez que una cucaracha se subió al pastel de cumpleaños que Jaejoong había hecho
con mucho amor para Yunho, éste las ha odiado más que nunca. Se acercó para
abrazarlo con cariño, pero el otro se negó.
–Amor, ya te he dicho que sí me importa y que
habría querido comerlo completo, sin dejarle nada a nadie, ni siquiera a ti;
pero está bien, las cosas ocurren y ya– trató de calmar su mal genio y de abrazarlo
por una segunda vez y ésta vez sí se dejó, pero aun así su acompañante le
dirigía una tajante e injuriada mirada –Jaeboo, te amo bebé. Tus pasteles son
los mejores del mundo. Estoy casi cien por ciento seguro que esa cucaracha sólo
estaba envidiosa de que yo obtendría el mejor pastel de todos y de que su
esposo cucaracha no le haría nunca algún pastel a ella. Y entonces ella vino
con maldad a destruir todo tu esfuerzo, pero no debemos darle el gusto a ella y
a su raza de vernos afectados por eso,
se sentirán con poder de atacarnos siempre que quieran– le aseguró como si le
hablara a un niño. El azabache se sintió agraciado a causa del comentario de su
amante y emitió una leve risilla.
Su amante supo que había dado justo
en el clavo y profundizó su abrazó, acercando sus cuerpos y lo besó con
dulzura. Fue el poseyente del cabello obscuro quien rompió mágico momento
golpeándole en la cabeza con su plumero. Y mientras el menor se sobaba la
cabeza, escuchaba lo que el pálido le declaraba.
–Si tanto me amas, ahora ayúdame a
limpiar este desastre– Yunho rió con diversión cuando Jae terminó de hablar y
se puso en marcha para ayudar a su amado esposo que le alegraba los días con
sus ocurrencias.
Cuando algo se interponía entre un pastel, o algún otro obsequio en
el cual Kim Jaejoong, había estado invirtiendo tiempo, dedicación y cariño para
dárselo a la persona que más amaba en este mucho; su amado, era un sacrilegio
imperdonable. Es por eso, que donde fuese el lugar que Kim Jaejoong notara la
presencia de una cucaracha, se podía sentir el fuego y la voz macabra de fondo
que dice: “Arde Troya”.
Por eso te aseguro mi
estimado lector, jamás, jamás en tu vida tengas la idea de interponerte entre
algo hecho por Kim Jaejoong y Jung Yunho, porque la furia del primero, no posee
límite alguno.
Fin.
*~*~*Nota de Autora*~*~*
Juro por Dios que deseo haber visto sus caras por un huequito mientras leían
Jajajaja, espero de verdad les haya gustado x'D
Es tarde y tengo una dura jornada el día de hoy, lamento si hay algún error
pero el sueño me mata y no alcanzo a leer bien ya T-T
Me comentan, sentiré odio por ustedes tipo Jaejoong
y los golpearé hasta acabar con sus vidas sin no lo hacen. ¬_¬
*~*~*Nota de Autora*~*~*
